Digital Nomads a dos horas y media de la ofi

Ser un digital nomad no significa únicamente trabajar mientras se da la vuelta al mundo, también se puede practicar a escasos kilómetros de la oficina. Dos horas y cuarenta y cinco minutos exactamente tardamos en llegar, San José, un pueblecito blanco de la provincia de Almería. Allí nos esperaban 6 días de trabajo y ocio.

Ya habíamos estado en San José anteriormente, así que nos fue fácil encontrar alojamiento, simplemente descolgamos el teléfono y contactamos con Dulce, la persona que gestiona los Apartamentos Dulcemar. Nuestros dos únicos requerimientos: conexión wifi y buenas vistas. Dicho y hecho, ya teníamos sitio donde quedarnos.

Una ventaja de practicar el ‘nomadismo’ en un destino cercano es que puedes tirar de despensa y frigorífico para hacer la compra en casa. Nosotros en este viaje hemos hecho el 80% de las comidas en el apartamento, cosa que nos rebajó bastante el presupuesto.

Día 1, 2 y 3

El primer día llegamos bastante tarde a Almería, la semana comenzaba intensa de trabajo y siguió así hasta el jueves, así que los primeros días no se diferenciaron mucho de un día de oficina normal, eso sí, hacerlo con vistas a la playa del pueblo nos lo hizo bastante más llevadero.

Las jornadas del martes y miércoles terminaron con un ratito de basket en las pistas municipales y culminaron con un bañito nocturno en la Playa Monsul. Playa bastante concurrida en los meses de verano pero siempre apetecible y enclave imperdible del Cabo de Gata. Quizás os suene por esa mítica escena del Sean Connery en Indiana Jones.

Día 4

El jueves, madrugamos para intentar terminar el trabajo cuanto antes para salir en dirección a La Isleta del Moro. Antes de comer una paella en el Club Municipal de la 3ª edad, hicimos parada obligatoria en el mirador, que tiene unas vistas impresionantes a los Volcanes de los Frailes.

Ya con la barriga llena nos bajamos tubo y gafas en mano a la playa del pueblo. (Recomendación: unos escarpines te pueden ahorrar algún pinchazo y algún resbalón que otro). Y allí echamos la tarde la mar de agusto. Poquito antes de irse el sol nos fuimos dirección a El Chamán. Sitio bastante aparente para tomar una copita de media tarde que se convierte en discoteca por la noche.

Día 5

De nuevo el viernes madrugón para aprovechar al máximo la jornada de trabajo. Preparamos una tortilla de patatas y unos flamenquines y salimos rumbo a Corralete. Lo primero que hicimos fué una subida a la Torre Vigia de Velablanca para disfrutar de las vistas. Sólo apta para aquellos a los que no le tengan super especial cariño a los bajos de su coche.

Aunque esta vez no lo visitamos no queremos dejar pasar la oportunidad para recomendaros el restaurante El Faro, mención especial al plato de Bogavante con huevo frito. Por supuesto, tenéis que aprovechar para bucear en estas aguas también, increíble la cantidad de peces que vimos. Y si tenéis tiempo, quedaos a ver la puesta de sol.

Si al mediodía habíamos tirado de menú de tupper por la noche hicimos lo que de aquí en adelante llamaremos ‘Nomad Deluxe’. Cenar en el restaurante ‘La Gallineta’ en Pozos Frailes: Ajo Blanco, ensalada de hojas verdes, huevo pochado, jamón seco y trufa. Mero con diferentes salsas, pastela de cabrito y mousse de chocolate con mango, fue nuestro menú. Y aunque todo estaba bastante rico, creemos que quizás el sabor se quedó algo corto respecto al precio.

Día 6

El sábado también madrugamos. Pero esta vez por una razón diferente, habíamos reservado una ruta en barco, la de las 5 calas. Con salida desde la playa de Agua Amarga hasta la playa de San Pedro, cala conocida por contar con un asentamiento hippie. Este paseo merece totalmente los 35 euros que vale por persona, ya que te enseñan cuevas escondidas, playas inaccesibles y puedes ver muy de cerca los acantilados volcánicos.

Pasear en barco y nadar en aguas cristalinas da bastante hambre, así que antes de comernos una lubina salvaje en el restaurante Costamarga nos tomamos un aperitivo en el bar la Plaza, madre mía qué tortilla de patatas más rica.

Paseamos por el pueblo y por el ambiente y sus tiendas, hemos bautizado a Agua Amarga como la nueva Ibiza. Descubrimiento del viaje porque no habíamos estado anteriormente y apuntada queda ya como parada obligatoria.

Es recomendable llevar por si acaso

Un abridor o abre botellas. Es muy útil porque no todos los alojamientos lo incorporan dentro de su menaje. Y si os vais a quedar algunos días, pastillas para la lavadora
María Ortiz
María Ortiz
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